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 Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]

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JouL
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Sáb Ene 03, 2009 6:15 am

Empiezo a entender tantas cosas...

Lionel :baba: :baba: :baba:

Necesitamos más de esos emoticones XD

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Kat_McR
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 3:57 am

Ya estoy comentando! Quiero mas!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Por favor??????? *.*

SI????????? bounce
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Benyi_mcr
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 4:14 am

Advertencia: No apto para diabeticos o solteras desesperadas.

Agradecimientos a Solee por ayudarme a comprender la donacion de sangre.



CAPITULO 9: Una Oportunidad al Corazón.

Por una semana y media no vi a Lionel. Y comenzaba a adaptarme a mi rutina aburrida sin su presencia. Volvía a ser normal. Todo el mundo que giraba a mí alrededor volvía a asentarse en los cimientos de una realidad real y no fantástica. Volvía a ser Dayrline Baldwin y sólo eso. Y yo era feliz. Cuando Sarah y yo nos encontrábamos en los relevos no lo mencionábamos. Ella estaba, como siempre, con su mente en otro lado y no se preocupaba explícitamente por mis problemas existenciales, y si yo le sonreía sinceramente ella sabia que todo marchaba sobre ruedas. Volví a mi galería de boxes con toda la predisposición que me faltó por casi un mes.

Era lunes a primera hora, debía relevar a Sarah a las siete y media. Llevaba mi chaqueta bajo el brazo y mi bolso colgando del otro hombro. Tarareaba animada la canción Bitch de Meredith Brook. Llegué hasta donde estaba Josephine. Me recibió con una sonrisa, siempre tan propia. Faltaba algo de diez minutos hasta que se hiciera la hora. Le gustaba tanto ser puntual. Estaba conversando con la recepcionista acerca del trabajo de esa noche. Por un momento creí ver a Johann pasando de la galería a los consultorios. Pero él pareció no verme en lo absoluto.
- Lynn. –Mascullaron a mis espaldas. Me di vuelta instintivamente.
- Johann... Pensé que no me habías visto. –Señalé. Su sonrisa juguetona con un tinte de inocencia era sumamente contagiosa.
- Imposible no hacerlo. –Contestó casi de inmediato. Josephine lanzó un sonido similar a un reproche.- Pasé y...
- ¿Estás en el hospital a diario? –Pregunté ignorando lo que me había dicho antes.
- Si. Estoy en plena residencia, así que paso en el hospital la mayor parte de mi tiempo. Duermo aquí. –Dijo y note un dejo de cansancio en sus palabras.
- Yo ya sufrí eso. –Recordé. Él me sonrió, no pude más que imitarlo. Fue por inercia más que por cortesía. Su sonrisa lo provocaba.- ¿Necesitabas algo? –Inquirí. Johann de inmediato cambio de aspecto, su semblante se hizo severo pero dejaba traslucir la inseguridad de los nervios.
- Yo... No... No, no. Todo está bien. –Dijo y calló. Lo miré impasible.- Quizás cabía la posibilidad que...
- ¡Lynn! ¡Que has llegado temprano hoy! –Gritó Sarah saliendo de la galería.
- Sarah... Muy buenos días. –Le deseé. Ella se acomodó al lado de Johann con su bolso en manos. Miró al muchacho que, de repente, parecía más nervioso que antes y hasta tenia un leve tinte rojizo en sus mejillas.
- ¿Interrumpí algo? –Le preguntó seria.- ¿Estabas por preguntarle algo? –Insistió. No estoy segura de que si Sarah nunca se había dado cuenta que sus preguntas eran muy frías y su voz cobraba un tono tajante al dirigirse a alguien fuera de su circulo amistoso. Es por eso que la gran mayoría evita trabajar con ella... Más cuando no está de humor. Vi que Josephine miraba apremiante al residente, como presionándolo en su respuesta.
- No, nada. –Se resignó el chico.
- Bien. –Sarah me tendió un sobre blanco.- El Director mandó esto a casi todos los médicos con tres años de experiencia en campo. –Anunció.
- ¿Tengo experiencia en campo? –Pregunté seguida de una risa.
- Deberías tenerlo.
- ¿A ti también te lo ha mandado? –Le pregunté intrigada.
- Claro. Aunque no sé bien que es lo que se propone ahora. Nos citó a una reunión. –Palidecí de inmediato.
- ¿Crees que recorten el presupuesto... o a su personal? –Todos quienes estaban a mí alrededor me miraron igual de preocupados.
- No creo. –Aseguró Sarah que era la que menos alarmada se veía.- Bien, debo irme. Tengo cosas que hacer en casa.
- Si, seguro. Que tengas un buen día. –Le deseé. Ella recogió su credencial del escritorio de la recepcionista y echándole una mirada envenenada a mi compañero se marcho de la guardia. Me volví hacia Johann.- ¿En qué estábamos?
- Oh, no, en nada. Yo ya me iba. –Josephine lanzó otro gemido pero de victoria. La miré de soslayo.
- ¿Podríamos...? –Invité señalando el pasillo de la galería. Él me acompañó obediente.- Quería saber qué noches de la semana tienes libre. –Dije tomándolo por sorpresa.
- Eh... Sólo los miércoles que salgo a las nueve y media.
- ¿Te gustaría ir a cenar conmigo para el miércoles a la noche, en ese caso? –Invité con la más persuasiva sonrisa que tenía en mi repertorio.
- Claro. Le avisaré a mi secretaria que ya tengo actividad para ese entonces. –Dijo y nos reímos.


No había mucho trabajo ese día. Estaban los pacientes de días anteriores a los que se le debía dar cuidado constante, pero de eso se ocupaban las enfermeras. Me llamaron un par de veces desde el laboratorio para analizar los resultados de unos cultivos e hice mis horas reglamentarias en Consultorio Clínico. La única ocasión en mi turno, a la que puedo hacer referencia como algo diferente, fue al ser llamada al box tres de la galería en donde me esperaba un joven.

Ni bien llegué y me presenté note que tenía sudor en la frente y que ello se debía a su incontenible nerviosismo. Sonreírle a un paciente y estar tranquilo en su presencia, también lo tranquiliza. Así que lo traté de la mejor forma porque sin duda, estaba aterrado. Le pregunté qué era lo que sucedía y él articuló una sonrisa a duras penas temblando como una hoja bajo la tempestad y tartamudeó que quería donar sangre. Me alegré aun más. ¡Era tan complicado conseguir donantes! Le aseguré que todo saldría de maravillas y que debía tranquilizarse.
- ¿Está usted en ayunas? –Pregunté preparando mis guantes.
- S… Si… En ayunas… Si…
- Bien. Dígame, ¿Se ha realizado algún piercing o tatuaje en el período menor a un año?
- No… No… Yo… No…
- ¿Ha tenido alguna enfermedad como la diabetes, hepatitis… VIH, cáncer?
- No… No… Nunca tuve nada de eso… -Aseguró torpemente. Le hice muchas otras preguntas, mientras labraba su historial clínico.
- Entonces, es un donante digno. Muchas gracias por venir. Ahora, dígame ¿Grupo y factor? –Pregunté sacando algodón, alcohol, busqué la bolsa y la jeringa. Él sonrió tímido.
- Ce… Cero negativo… Si, negativo… -Tartamudeó. Volteé y lo mire a los ojos.
- Es perfecto. Su grupo es el dador universal… ¡Puede servir para cualquier emergencia!
- S… Si… Lo… Lo sé… Si…
- ¡Oh! Vamos, no esté nervioso. Solo será un pinchacito. –Aseguré preparando la aguja. Una aguja bastante larga, debo admitir. El joven palideció al instante.- Oh, no, no, no, no… Todo va a estar bien, ni lo sentirá. Solo siéntese aquí, y yo haré el resto. Usted solo tiene que respirar profundo y pensar en el próximo partido de futbol. –Dije provocándole una sonrisa.- O, ¿Quiere que le explique mientras trabajo?
- ¡No! Solo hágalo lo más rápido posible.

El chico se tapo los ojos con una mano mientras dejaba su otro brazo flojo sobre la camilla. Coloque la bolsa a un costado, la conecte con el tubo y, luego de punzarlo, quité la ajuga del resto de la jeringa para permitir el libre paso de la sangre a la bolsa. Y sincronizándome con el latir de su agitado corazón bombeé la sangre fuera de su cuerpo hasta llenar la bolsa de cuatrocientos cincuenta centímetros cúbicos. Una vez echo, retiré todo y limpié perfectamente. Guardé la sangre en una heladera cercana y me volví al joven que no se le había movido un pelo. Le di una palmada en la espalda.
- Ya estas. Listo. –El chico afirmó con la cabeza.- ¿Estás bien?
- No... Me siento mal.
- Puede que te haya bajado la presión. Respira hondo, pausado y come esto… -Dije facilitándole un caramelo dulce.- Cuando te sientas mejor, pasa por la recepción a retirar tu dinero.
- Doc, antes de irse… -Me llamo con dificultad.- ¿Me podría extender un certificado de que estuve aquí donando sangre? –Preguntó fatigado. Me apoyé contra la camilla.
- ¿Una apuesta quizás? –Intenté. Él afirmó en silencio.- No te preocupes, cuando te den tu dinero, también te darán el certificado. Y la próxima vez que compitan, apuesten la donación de un órgano, también en muy útil… -Dije dejándolo solo.


(cont.)

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Benyi_mcr
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 4:15 am

(cont.)


Casi podía sentir la tranquilidad en las yemas de mis dedos. Era una sensación tan dulce y colorida. En momentos así, adoraba caminar, pasear una y otra vez por la galería, escuchando el silencio, sintiendo la paz, estirando los segundos que me separaban del atormentado tránsito de decisiones complicadas y urgentes. Me sentaba en la soledad de un último box, con los ojos cerrados y en un leve dormitar pretendía creer que cuando volviera a abrir los ojos no encontraría a ningún internado en la galería, que nada de lo que allí había ocurrido era cierto, pero esa visión nunca se acercaba a un limite de realidad. Siempre que tornaba en mi, encontraba la misma situación, sino peor.

Recuerdo que Sarah me sonrió extraña esa noche. Como si algo estuviera sucediendo en un mundo paralelo al cual no me era permitido ingresar... Ni saber de que se trataba. Sentí su rechazo a una charla casi tan fuerte, que me sentí angustiada. Saludé a Ingrid sin cuidado y después de salir del hospital corrí sin sentido hasta mi auto. Permanecí estática allí unos minutos, hasta que mi mente me acusó de paranoica. Sarah era una mujer tan ocupada y contrariada en sus propios tiempos que no debía resultarme raro si algún día llegaba a trabajar de mal humor.

Los minutos en el reloj pasaban más lentos que de costumbre. Había días que lamentaba mi deplorable estado de soltería. Pero al instante, como un reloj programado, el devastador recuerdo de mi última relación llamaba reiterativo para mostrarme que la vida amorosa no es como la pintan en las novelas... La gigantesca herida que dejó en mí ese hombre estaba tan viva y cruda que por momentos era insoportable tolerar. Dejaba todo a medio camino y mi escudo volvía a cerrarme en mi mente para que nada de lo que sucediese a mí alrededor me afectara demasiado.

Una hora y media después de haber llegado a casa, llamó el teléfono. Atendí sin más. La voz de Johann apareció mágicamente del otro lado, haciendo que el escudo no se cerrara... Había tantas posibilidades aún. Recién estaban empezando.
- Hubo un cambio de turnos esta noche y salí más temprano... –Anunció jocoso.- ¿Quieres venir al bar del Elba? –Invitó. Pude ver sus ojos brillosos y su sonrisa de niño. Miré el reloj de mi muñeca.
- Claro. Solo dame unos minutos hasta que me prepare. –Advertí. Él rió.
- Date prisa. Aún no soy lo suficientemente conocido como para que tu conserje me deje entrar, así que te estoy esperando afuera. –Dijo. Yo lance un gemido. Johann volvió a reír y cortamos.


A diferencia de la última vez que él me llevara a pasear por la orilla del Elba, esta vez nos metimos en un bar. Excéntrico pero casual. Ni demasiado informal, pero tampoco demasiado elegante para una cena. Un lugar para pasar la noche bebiendo tragos y comiendo pizza y alguna que otra necedad momentánea. Sólo en ese sitio se me antojó evaluar con ojo crítico al residente.

Era indudable que Johann era un hombre sencillo. Traía cabello corto, ondulado, de color negro o un castaño muy oscuro. Su piel era de un rosa pálido. Seguramente tenía descendencia europea. No me lo imaginaba de otra forma. Teníamos casi la misma contextura física, salvo que él era algo más musculoso. Su sonrisa más característica era traviesa. Una sonrisa contagiosa e increíblemente atrapante, delicada y seductora. Pero es seguro que lo más llamativo en él, lo primero en lo que uno se fijaría, lo que más llama la atención, eran sus ojos. Amarillos como el oro. Puros y tan reales que costaba entenderlos. Me apresaban de tal forma, me cerraban a él, me hipnotizaban casi sin quererlo. Y yo me rendía ante su mirada penetrante. Casi a media noche, sin querer, solté una risa sutil. Hasta ese momento no me había cohibido en lo más mínimo tener que mirarlo directamente a sus ojos para hablarle.

- Tengo frío... –Le dije cuando salimos del bar.
- Es que te enfermarás. –Anunció.
- Oh, no me eches mal de ojo. Es solo que se está poniendo más fresco cada día, ya casi se puede sentir el invierno... –Le contradije.
- No es cierto. El aire está húmedo y hace calor. Si tienes frío es porque te estás por resfriar. –Aseguró una vez más.
- No quiero enfermarme... –Dije haciendo un berrinche. Johann me rodeó por los hombros y me acercó al auto.
- Te llevo a casa.
- No, vete a la tuya, ya es tarde y mañana estaremos cansados los dos a la hora de trabajar. –Le espeté buscando en mi bolso el teléfono para llamar a un radiotaxi. El residente se movió hacia mí.
- Qué mentirosa eres, mañana no trabajas. Además, ¿Cómo puedes pretender que te deje aquí sola, muriéndote de frío y propensa a pescarte un resfriado cuando fui yo el que te invité a salir? –Señaló. Le sonreí.
- Exageras. –Dije y busqué su mejilla en un leve movimiento para saludarlo, pero él corrió el rostro. Mis labios apenas sintieron los suyos tocarse. Johann me tomó con ambas manos la cara y me miró fijamente. Si bien, era imposible resistirse a esos ojos dorados... Era más imposible aún, persuadirlo o persuadirme a mi misma de que nada debía suceder.
- Dame una oportunidad... –Le sentí pronunciar cuando su boca hizo presión contra la mía.

Dio un paso hacia atrás y giró apenas. Entendí su maniobra solo cuando me cerró contra su coche. Pasó sus manos debajo de mi abrigo, por mi cintura y terminó por desaparecer cualquier espacio existente entre nuestros cuerpos. Acepté su estrategia con delicadeza, dejando que mi abrazo se fundiera en su cuerpo. Sujetó mi rostro con suavidad e hizo presión contra él en el cálido juego de la pasión y la sensualidad.



- Ingirió metano. –Me anunció la enfermera, acariciando la cabeza del niño inconsciente a causa del gas anestesiarte.- Por lo menos eso es lo que dice la madre. –Blanqueé los ojos.
- Cuando aprenderán a guardar las cosas peligrosas fuera del alcance de sus hijos… -Dije saliendo a buscar a la madre. La mujer en la sala de espera aun sujetaba el embase.- ¿Señora Weiss? –Le llamé. La mujer se paró de un salto. Su rostro estaba contorsionado por el temor.- Hola, soy la Doctora Baldwin.
- Hola, Doctora. ¿Cómo está mi hijo? ¿¡Está bien!? –Estalló seguida de un sollozo.
- Si y tal vez. Estamos medicándolo y viendo la posibilidad de hacerle un lavado de estómago. Pero además queríamos saber qué sustancia ha ingerido y si tiene idea de la cantidad.
- Esto… -Me dijo tendiéndome la botella. La destapé y olí.- Estaba por aquí cuando la use por última vez. Cuando vi que la estaba tomando se la quite de las manos.
- Debería haberle quemado la garganta ni bien la tomo. Bueno, quédese tranquila. Haremos todo lo que este a nuestro alcance. –Dije dejándola atrás, pero ella se adelantó y me hizo frente.
- Por favor… Haga lo que sea necesario… -Pidió con las lágrimas rodándole silenciosas por las mejillas.- Es mi vida. Mi único hijo… Daría todo por él. –Aseguró la mujer y rompió a llorar. Le puse una mano en el hombro y le sonreí.
- Tranquila. –Balbuceé solo para nosotras.- Sé lo que es perder un hijo. No dejaría que usted también lo sepa.



La noche cayó más rápido que de costumbre. El invierno estaba casi entre nosotros. Las mañanas eran más frías y el aliento aparecía como vapor entrado el sol. Había noches que por la oscuridad que se cernía alrededor de la torre de la Iglesia, me era imposible ver su enorme cruz de metal forjado o las gárgolas de mármol que custodiaban la ciudad en su eterna inmovilidad y perpetua presencia temible. Noches como esas me resignaba frente a mi ventana a ver una salida a mis problemas. La veía tan oscura y lejana que prefería cerrar las cortinas y dejar el malestar del lado de afuera, esperando que se helara, que muriera de frío, de la ignorancia o que simplemente desapareciera, como mi esperanza a no tener que escuchar una nueva sirena de ambulancia en la entrada del hospital.

A una hora y media de que Johann pasara a buscarme para salir, seguía preparándome para lucir una perfección que jamás la había visto en mi silueta. Hasta mi gata siamesa estaba impresionada con mi nuevo atuendo morado.
- No me mires así, Elisa. Quiero verme linda. –Le dije a la gata sujetando el vestido contra mi cuerpo para darme una idea de cómo luciría.- ¿Crees que debería hacerme algo especial en el cabello? O, ¿Así estoy bien? –Me volví a mi gata que me miraba con su cabeza inclinada a un costado. Me respondió con un suave maullido.- Sabía que dirías eso… -Aseguré tomando de mi aparador unos broches para el cabello.- Si, se ve bien… ¿Verdad? –Volví a preguntar. Pero no fue Elisa la que respondió, sino el llamado inoportuno de la puerta.

Insegura de la visita, o en cualquier caso, del adelanto de Johann, dejé el vestido sobre el sillón y acomodándome rápidamente la poca y casual ropa que llevaba encima, atendí.
- ¡¡NO!! –Grité enfurecida, cerrando la puerta en la nariz de la visita. Me apoyé contra la puerta para impedir que quiera abrirla, pero él ya estaba dentro.- ¡¡DEJAME EN PAZ!! ¡¡VETE!! –Bramé y lo empujé a la ventana abierta.
- ¡Qué forma de recibirme! –Dijo y en un movimiento invisible a mis ojos, me tomó de las muñecas y me hizo girar, dejándome ante él pero de frente al balcón. Caminó hasta que choqué con la baranda. Se inclinó tanto hacia adelante que tuve la súbita sensación de que me dejaría caer al vacío.
- ¿¡Qué haces!? –Chillé al borde de mis nervios.- ¿Qué quieres, Lionel? –Inquirí. Su rostro se asomó por mi hombro y mirando la ciudad frente a nosotros enarcó las cejas y esbozó una sonrisa malévola.
- Tengo problemas. –Dijo sombrío.
- ¿Tienes problemas? Yo también tengo problemas. ¡Todo el mundo los tiene! –Respondí arisca.
- Si, bueno… Pero mis problemas son realmente importantes.
- Como que si los míos no lo fueran. ¡Qué egoísta!
- Pero los míos son más importantes que los tuyos… -Aseguró. Nuestros cuerpos estaban arqueados en noventa grados sobre la baranda. Mis muñecas estaban apresadas en sus enormes manos extendidas en direcciones opuestas. El Guardián movió su rostro hacia mí y rió con picardía.
- ¿Ah, si? Convénceme. –Le desafié. Él soltó una carcajada, soltó mis muñecas para tomarme de la cintura y sin mayor esfuerzo, tirarnos a ambos por el balcón.

No pude gritar porque la adrenalina me lo impidió. Cerré con fuerza los ojos y esperé el súbito y seco golpe de mi cabeza contra el frío asfalto. Pero eso nunca pasó. No sentí nada más que el helado brazo de Lionel rodeándome la cintura. Por lo que cuando abrí los ojos me encontré en el garaje del edificio, frente a mi coche. No fue hasta que el mismo Guardián intentó librarse de mí, que advertí que estaba aferrada a su cuello como si fuera su sombra.
- Alístate. –Me ordenó de inmediato.- Yo te diré a donde debes ir.
- ¿¡Qué!? Discúlpame, pero yo no pienso ir a ningún lado contigo esta noche. –Respondí cruzándome de brazos. Lionel que ya estaba del lado del copiloto, me dirigió una mirada tan severa que podría haberla comparado con la de mi padre al ver que cometía alguna travesura.- Además… No tengo las llaves del auto conmigo. –Añadí excusándome. El Guardián me arrojó el manojo de llaves por sobre el techo antes de sentarse en su lugar. Insulté y maldije en silencio y luego me subí.

- Ha surgido un inconveniente de último momento. –Decía mientras yo conducía en silencio. Lionel me miró de reojo y siguió hablando.- Si no fuera tan urgente no te hubiera molestado, lo sabes. Hay un muchacho que... Es algo revoltoso y... tuvo una riña con un grupo de problemáticos. Le superaban en número. –Aclaró y con un gesto me indicó para doblar en un semáforo.- Como podrás imaginarte... Le ganaron. Y lo dejaron en una pieza con mucha suerte. Y su amigo... Que hasta el momento no había podido llegar, lo encontró en pésimas condiciones y me pidió ayuda... y como yo... –Dijo pero menguó su voz hasta ser inaudible. Me miró por un tiempo, y como yo no respondía se volvió al camino.- Dobla aquí.
- Has desaparecido por una semana y media, y vuelves con la mayor de las indiferencias a pedirme ayuda así... ¡De la nada! –Grité golpeando el volante.- Y como si fuera poco, me consideras una estúpida como para no darme cuenta de la verdad e inventas una de las peores mentiras que haya escuchado, diciéndome que el amigo de un amigo... ¿Crees que soy una cretina? ¿Qué no me iba a dar cuenta? Primero te enfurecías cuando quería preguntarte algo de los Protegidos... ¡Y ahora me llevas con uno de ellos como si se tratara de mi vecino de toda la vida! ¿En qué cabeza cabe eso?
- Debes doblar aquí, a tu izquierda. Llegamos. –Pronunció como toda respuesta.



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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 4:17 am

(cont.)


Estacionamos en lo que era la entrada a una villa. Me apresuré a ponerle el seguro a las puertas antes de que Lionel se quisiera bajar. Se volvió hacia mí con molestia.
- ¿Qué sucede?
- No te irás hasta que contestes mis preguntas. –Le advertí.
- Muy bien. ¿Cuáles son? –Inquirió sereno acomodándose en su asiento. Me sorprendí que accediera con tanta facilidad.
- ¿Por qué no se puede saber de los demás Protegidos?
- Es personal. Creo que deberías entenderlo.
- Entonces, ¿Por qué ahora apareces con que debo ayudar a uno de ellos?
- Porque esta malherido, y porque eres un miembro activo de nuestra comunidad. Todos nos necesitamos. Uno para todos y todos para uno. –Me recordó por décima vez.- Solo que es conveniente que no se conozcan entre ustedes para un bien mayor como lo es la seguridad. Siguiente pregunta.
- ¿¡Y porque diablos no lo llevaron al hospital!?
- ¿Para qué? ¿Arriesgarnos a nosotros mismos?
- ¡¡No debo ser la única doctora en su repertorio!!
- Si la única con la que trato. –Aseguró encogiéndose de hombros. Se estaba volviendo intolerable.
- Está Sarah... –Bramé entre dientes.- ¡Estoy a cuarenta minutos de que Johann vaya a buscarme a casa y no va que me “secuestran” para poder hacer servicio de caridad a seres fantásticos con esclavos llamados Protegidos, que supuestamente están lastimados y que temen ir al hospital público por una cuestión de moral!
- No te pases de lista conmigo. –Sugirió con una mirada frívola y una voz tajante. Sacó el seguro de la puerta y se echó a caminar por el campo. Me bajé detrás de él.
- ¡Aún no he terminado! ¿¡Qué le han hecho a Elisa!? –Grité. Lionel dio media vuelta sin dejar de caminar.
- ¿Ahora que le sucede a tu gata?
- ¡¡Ya no le molesta su presencia como antes!! –Le respondí a los gritos.
- ¡¡Celosa!! –Me respondió igual de fuerte. Solté un bufido y lo seguí a regañadientes.


Caminamos por senderos de barro entre las casas precariamente construidas. En mi fuero interno agradecía eternamente que Lionel esté conmigo en ese momento, aunque de no ser por él, nunca habría llegado hasta dicho lugar. Frenamos en la entrada de una de las casas de madera. Ninguno de los dos llamó a la puerta. Por las hendijas que ésta tenía, podíamos entrever la luz que provenía del interior. No era muy fuerte.
- Está bien. Tienes derecho a molestarte. –Murmuró finalmente el Guardián.- Pero... No lo hagas ni por mí ni por Gustav, hazlo por el muchacho. –Pidió.
- ¿Quién es Gustav?
- Es el... El... Vampiro. –Dijo esquivo.
- Oh... ¿Por qué no me sorprende? –Adulé blanqueando los ojos. Unos pasos fuertes y decididos avanzaron hacia nosotros, desde el interior, resonando en los tablones del suelo. La puerta maltrecha se abrió y la escasa luz de unas velas, chocó en nuestros rostros.
- Lionel... Doctora... –Saludó el vampiro. Su voz era temblorosa pero su aspecto, en una situación diferente, me hubiera parecido amenazador.- Gracias al Cielo que llegan... Me estaba consumiendo de los nervios.
- Si... Seguro. –Respondí huraña. ¿Le había agradecido al Cielo? Me adelanté y dejé mi abrigo en una mecedora.
- Tranquilo Gustav... -Lo consoló Lionel con un sonoro golpe en la espalda de su colega.- Todo va a estar bien. –Le aseguró mientras yo me dirigía al joven.

El cuerpo de un muchacho de no más de veinte años estaba recostado dentro de un marco rectangular de madera rústica. Dentro del rectángulo habían colocado decenas de mantas, trapos y cualquier tela que hayan encontrado para hacer un colchón lo bastante grueso como para no sentir el frío del suelo. El conjunto entero denotaba ser un estilo de cama provisoria, para que el joven se desangrara allí. Todas las telas estaban teñidas de carmesí. Costras de sangre se habían formado por donde el liquido había tocado, por lo tanto, las heridas no eran muy recientes. Un torniquete inexperto se comprimía en el lugar incorrecto y un viejo trapo amarillo tapaba la herida más importante ubicada en la pierna izquierda. Un botiquín de primeros auxilios se hallaba a un lado. Encima de la caja había hilo quirúrgico, agujas, pinzas y guantes.
- Este chico tiene tantas heridas cortantes en su cuerpo que podríamos hacer una bufanda con la misma cantidad de hilo que usaría para suturarlo. –Le dije al vampiro. Él me miró implorante.- Tiene una herida de bala en el muslo, y no tiene orificio de salida. Hay que llevarlo al hospital cuanto antes.
- ¡¡No!! –Bramó el vampiro.- Krasnow te trajo aquí para que cures a Herman... No para que quieras lavarte las manos. ¡Haz tu trabajo!
- Gustav...
- Disculpa, pero cómo pretendes que sepa si la bala no tocó algún baso importante. A menos que tengas un tomógrafo aquí mismo, te pido por favor que llevemos a este chico al hospital antes de que sea demasiado tarde. –Pedí en un tono de suplica.
- Gustav, hazle caso. –Solicitó esta vez Lionel a mi favor.
- ¡No! Si ella es doctora como dices que lo es, debería saber solucionar las heridas de Herman sin tanto drama. –Bramó encolerizado.
- ¡Dios! ¿¡Cómo es que no entiendes!? Los cortes pudieron haberle provocado hemorragias internas, podrían estar infectados... ¡Se podría estar muriendo desangrado! ¡¡Y ni hablar de la bala!! Esas son cosas que se evalúan con aparatología específica... ¡¡Ni creas que unos metros de hilo y una aguja solucionarán su problema!! –Le grité avanzando hacia él. Lionel que se había ubicado entre ambos pero sin interponerse, aguardaba el momento justo para detener a uno o a otro.
- No me convencerás de llevarlo a ningún lado. Tú harás tu trabajo bajo este mismo techo. Para eso estás aquí... ¡Para eso te trajo Lionel! –Dictó.
- ¡Gustav! Ni te atrevas... –Amenazó el Guardián, avanzando dos pasos, sin ser escuchado.
- ¡Yo no soy un objeto! ¡No soy tú objeto!
- Eres una pésima profesional.
- No me hables de profesionalidad. –Solté enojada.- Lo único que podría hacer con este chico es practicarle resucitación hasta que no lo soporte más y muera desangrado... ¡Por las heridas y por la hosquedad de su Protector al no querer que vaya a un centro de salud para ser atendido adecuadamente!
- ¡¡Suficiente!! –Bramó el vampiro y tomándome por los hombros me empujó contra la puerta de madera que se sacudió completamente.

Lionel se abalanzó sobre el vampiro que solo me veía con ganas de golpearme por mi imprudencia. El Guardián lo retuvo y lo tiró al suelo para tratar de inmovilizarlo, pero el otro tenía mucha fuerza y su frustración ayudaba a que el ímpetu sea monstruoso e incontenible. “¡Vete, Dayrline!” Me ordenó Lionel. Sin poder reaccionar, me levanté y miré el muchacho desvanecido al otro lado de la sala. Abrí la puerta, me aparte unos pasos de la casa, me volví a mirar apenas al interior y me eche a correr hacia mi auto. Había comenzado a llover a cántaros y hasta que entré en mi coche, estaba totalmente empapada.


El agua no era lo único que se discurría entre mi ropa. Estacioné a un lado de la avenida y hundí mi rostro entre las manos. Me quebré al instante. Aquella situación era tan nueva para mí que casi no sabía como controlarla. Dentro del hospital, en mi equipo, yo mandaba, y si yo decía que se debía hacer tal o cual estudio, las ruedillas de las camillas chillaban al instante en las baldosas hacia donde se cumpliera mi pedido. Nadie dudaba, nadie me cuestionaba. Esto era nuevo. Completamente. No sabía qué hacer… O qué debí hacer. ¿Y si volvía y trataba de corregir mi estrepitoso error? ¿Y si ese chico moría porque yo me negué a atenderlo en tan precaria situación? ¿Qué cargo me correspondería? ¿Qué culpa, peso o compromiso debería acarrear de por vida? Jamás me había sucedido antes. Esto era nuevo. Definitivamente.

Entré a la cochera del edificio e ingresé a tal por la puerta trasera. No quise que nadie me viera. Subí por las escaleras al primer piso y de ahí tomé el ascensor para llegar a mi piso. Mi pullover goteaba, mi cabello se había transformado en una maraña humedecida de la que se desprendían mechas que caían libres en mi rostro. Busqué en el bolsillo del jean la llave del departamento. Cuando levanté la vista, Johann estaba frente a mí con su delicado rostro lleno de consternación. Él puso sus manos en mis hombros y deslizando una suavemente me levantó la cara por el mentón.
- ¿Dónde estabas? Te estuve llamando desde hace media hora. Diecisiete mensajes te habré dejado en la contestadora, como mínimo. Elisa debe estar harta de oírme. –Dijo articulando una, apenas, frágil sonrisa.
- Estuve… -Dije pero se me cortó la voz de inmediato.
- Estás empapada y hace frio. Tienes que cambiarte rápido. –Advirtió sin importarle que no haya podido terminar mi frase.
- Si... Claro. –Respondí y abrí la puerta. Antes que pueda atinar a ir a buscar una toalla, Johann volvió a atraparme entre sus manos. Me obligó a mirarlo acercándose milimétricamente.
- ¿Estás bien? –Inquirió. Sus ojos de oro desprendieron un brillo amargo.
- Si. Es solo que… -Me interrumpí.- Jamás me tocó algo similar y no supe actuar… Y se salió de control… No estuvo en mis manos desde un principio. –Dije luchando para sonar firme y despreocupada, pero la tristeza invadía mis palabras.- No te preocupes… -Pedí sacudiendo la cabeza. Tomé una de las manos del residente y la apreté entre las mías, frías y húmedas.- Me cambio rápido y vamos a cenar. –Dije. Johann hizo una mueca imposible de explicar, como de resignación pero de confusión a la vez.
- Lynn, hace cuarenta minutos que perdimos la reservación en el restaurante. –Me anunció. Cerré los ojos y maldije. Sentí sus labios en mi frente.
- Perdóname. Perdóname, por favor.
- ¿Realmente estás bien? –Insistió. Nos fundimos en una mirada eterna e inmortal. De consuelo, de perdón, de reconocimiento. Y en ese preciso momento sentí que un calor traspasaba mi ropa mojada, que me invadía de punta a punta, que no nacía de un lugar sino de todos a la vez. Recorrí la línea de su mandíbula con el torso de mi mano sujeta aún en la suya. Él se acercó más y me besó los labios.

Calidez. Un ardor que asaltaba todo a su paso, que comenzaba a controlar mi cuerpo mojado y frío al tacto de Johann. Ese calor que había desaparecido por meses. Los labios del residente transmitían parte de ese calor. Dibujaban silenciosamente figuras en mi boca. Me abandonaba de lleno frente a un mar de melancólicos recuerdos, en los que de repente, había un camino de salvación. Sumiso y cauteloso en sus movimientos, jugó por bastante tiempo con mis labios, hasta que comenzó a bajar por la mandíbula. Mi piel mojada era diferente a mis ropas humedecidas, y eso de seguro fue lo que le disgustó e hizo que me sacara el pullover. Después fue la camiseta.

Lo empujé suavemente hacia atrás, hasta que se chocó con el sillón y calló sentado en él. Quedé parada frente a él preguntándome, indagándome, desafiándome fría y cruelmente… ¿Estás segura de lo que harás? O, ¿Estás segura de que lo quieres hacer por deseo y no por compensación y desahogo? Él me miró de reojo, esperando paciente a que me respondiera. Sonreí. Johann me imitó. Me senté en su falda y le desabotoné la camisa lentamente mientras volvía a besarlo. Lo quería todo. Quería hacerlo. Quería hacerlo por deseo, para compensar el tiempo que había perdido, para desahogarme de tantos momentos de angustia y desarraigo. Pero más que nada quería hacerlo porque el calor que había explotado en mi interior me indicaba que era correcto.



Llegando casi a la madrugada del jueves, me desperté en mi cama junto a Johann profundamente dormido. No estaba segura de lo que me despertó hasta que lo volví a escuchar. Había alguien en la sala. Sabía quién era y qué era lo que quería. Me calcé la bata y salí al encuentro de Lionel. Éste estaba apoyado contra el respaldo del sofá y con una rama delgada y larga golpeteaba el suelo en un ritmo desconocido para mis oídos.
- Hola… -Saludé en un susurro.
- Es la primera vez que ese chico se queda a dormir en tu casa. –Dijo mortecino.
- Si, bueno… Nosotros… -Y allí me interrumpí automáticamente: ¿Lionel nos había estado espiando?
- Tuve el “placer” por primera vez en mi eterna vida, de ser espectador en primera fila… -Comentó. Levanté una ceja. Sin querer había dejado entrever un dejo de antipatía en su voz.
- ¿Nos viste teniendo relaciones? –Pregunté mitad ofendida por la falta de privacidad, y mitad anhelosa de descubrir los celos bien encubiertos por el Guardián.
- No volveré a hacerlo. Dan asco. –Dijo frunciendo la nariz. Yo alcé el entrecejo sorprendida, pero sabiendo que él sólo ocultaba sus sentimientos.- Además, me despiertan hambre. –Agregó. Yo lancé un bufido.
- ¿Y puedo saber, hambre a qué te da? –Inquirí ataviándome más la bata a mi cuerpo.
- Vine a traerte esto… -Dijo ignorando la pregunta y entregándome mi campera.- Te lo dejaste en lo de Herman. –Apenas sí hice una mueca. Lionel suspiró mirando hacia otro lado.- También vine a… Pedirte disculpas. –Dijo muy a su pesar.- Por… No haber venido por casi dos semanas, y por aparecer de un momento a otro y obligarte a que me ayudes con mis problemas. Aunque, debes saber que, el que no me hayas visto… No significa que no te haya estado cuidando. –Advirtió en su defensa. No intenté siquiera de formar alguna palabra en mis labios.- También debo pedirte disculpas por el comportamiento de Gustav. Él… Estaba muy angustiado, desesperado y no sabía qué hacer… Estaba ciego. Por eso me pidió ayuda. Es un miembro nuevo del grupo.
- ¿Cómo está Herman? –Pregunté desinteresadamente.
- Ni bien te fuiste, obligué a Gustav a que lo llevara al hospital. La Doctora Glattstein nos atendió de inmediato y ahora está en observación en terapia.
- Me alegro. –Dije sin demostrarlo. Lionel quedó en silencio un momento, mirándome fijamente con sus ojos echo llamaradas.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien, qué? –Repetí confundida.
- ¿No te vas a disculpar también? –Preguntó. Entorné los ojos y me moví apenas de mi lugar.
- ¿De qué, exactamente, me debería disculpar? A lo que yo creo, aún me debes unas decenas de disculpas más. –Mascullé molesta. Él rió fríamente.
- Si no piensas disculparte, allá tú. Pero por lo menos reconoce que gracias al retraso, no fuiste a esa tonta cena y adelantaste el mecanismo metabólico de reproducción de tu especie. –Indicó inclinándose para ver la silueta de Johann perdida entre las mantas. Me interpuse en su visión.
- No permitiré que seas tan impertinente. Vete YA de mi casa. –Espeté entre dientes.- Es MI vida, MIS decisiones, MIS errores… ¡Lárgate! –Repetí.

Lionel esbozó una sonrisa retorcida y maléfica que me provocó un escalofrío. Saltó por el barandal del balcón y cayendo al vacío desapareció como lo hacía noche tras noche. Me acerqué a cerrar las hojas de las ventanas. Observé la torre de la iglesia y noté algo extraño en ella. Por algún motivo, de mi visión o de la oscuridad, me pareció que las enormes gárgolas de la torre no se hallaban en su lugar. Mi mente se dispersó con ello hasta que una brisa de aire helado me sacudió. Cerré rápidamente y al entrar al departamento, sentí el inconfundible perfume a césped que el Guardián acarreaba consigo.


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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 4:41 am

weeeee!!!!!

Quiero mas, quiero mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas, MAS!!!!!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Ene 13, 2009 9:01 pm

Citación :
Si no piensas disculparte, allá tú. Pero por lo menos reconoce que gracias al retraso, no fuiste a esa tonta cena y adelantaste el mecanismo metabólico de reproducción de tu especie.

Esa es una forma interesante de ponerlo XD

Lionel es muy inoportuno.

Más!!

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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Dom Ene 18, 2009 2:56 am

Benyi, te estas tardando en poner!!!! T.T Apresurate!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Lun Ene 19, 2009 1:17 am

Si posteo más rápido se quedaran sin capitulos y luego tendrán que esperar más que una semana... xD Ademas, quería esperarla a Dan que aún no había podido leer el ultimo cap. Creo.


En fin... Dan, si quieres maldecir a alguien, ve con Kat.



CAPITULO 10: Tutorías.

El día había amanecido lluvioso y los truenos deseaban anhelosos, ser escuchados hasta en los más recónditos rincones. Miles de millones de gotas gruesas y pesadas se precipitaban suicidas contra el suelo y resonaban agresivas en la entrada de la guardia cuando se abría la puerta. La ventisca las empujaba contra los muros de las casas y las ventanas del lado oeste del hospital.

Yo había terminado de controlar a los pacientes de terapia y descansaba de pie apoyada contra el marco de una ventana, contemplando, melancólica y fascinada una de los más bellos espectáculos de la naturaleza. Un enfermero pasó detrás mío, muy concentrado revistando unos papeles. Luego caminó despacio una anciana con una mujer. Más tarde llegó otra enfermera que me llamó al box cuatro. El paciente que allí se hallaba se había despertado con dolores en la zona cervical. En una hora y media más, debía concurrir a la reunión convocada por el Director, el Doctor Bernhardt.


Sarah había asistido con un impecable traje color champagne, unos tacos altos y el cabello suelto sobre sus hombros. Se acercó a mi cuando me vio entrar en la sala y me saludó con una sonrisa triste. Me sorprendí. Ella había pedido franco por dos días ya que no se encontraba bien de salud y el Director, gentilmente, accedió. Ese era el segundo día de asueto que se tomaba. Me pregunté si aún no se había recuperado y si pediría un par de jornadas más. Estuve tentada a preguntárselo pero en ese momento se inició la reunión.

En la sala se encontraban la mayor parte de todos los médicos del hospital con más de tres años de trabajo en campo. Estuve atenta a las propuestas que se presentaron para el mejor mantenimiento de las instalaciones, de los proyectos que se tenían para el próximo año y de las técnicas para mejorar nuestro servicio para con los pacientes. Sarah permaneció seria y en silencio en toda la reunión. En un momento el Director rememoró una gracia que había cometido cuando aun era residente y todos nos reímos. Excepto Sarah, que siquiera esbozó una sonrisa. Luego de eso, mientras otros profesionales también hablaban, contemplé a mi amiga disimuladamente. Vi que ella estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para concentrarse en lo que decían. Fruncía el ceño y parpadeaba con fuerza, como si la vista se le nublara. Después sacudió suavemente la cabeza y quedó mirando su regazo. Se repasó los labios con la lengua y pasó una mano por la cara.

De un repente se volvió hacia mí. Me miró como lo había estado haciendo con el Doctor Frecher, atareada y distraída. Yo seguía mirándola, cada vez con mas intranquilidad.
- Disculpa, ¿Me dijiste algo? –Preguntó de pronto. Sus palabras fueron frías y perdidas.
- No. –Respondí.- Sólo estaba…
- Basta ya. –Masculló con rabia, interrumpiéndome. Me dejó sin habla.- Déjame en paz. –Pidió, cerró los ojos y agachó apenas la cabeza.- Quiero escucharla. –Espetó en un murmullo y volvió a mirarme. Yo desvié la mirada hacia el frente, en donde, ahora el Doctor Bernhardt hablaba de los nuevos recursos que incorporarían a terapia.
- ¿A quién quieres escuchar? –Pregunté aturdida.- ¿Estás bien, Sarah? –Sus labios se contrajeron en una débil sonrisa. Noté al instante que sus ojos se llenaban de lágrimas.
- Perdóname, Lynn. Te lo ruego. El problema no es, en lo absoluto, contigo. –Aseguró levantándose y saliendo de la sala. Los ojos compasivos del Director me obligaron a quedarme en mi asiento y dejar que Sarah estuviera un momento a solas.

Unos veinte minutos después, mi amiga volvió a la sala pero se quedó apoyada contra una pared cerca de la puerta. La reunión ya estaba por concluir. El último anuncio que el Doctor Bernhardt nos comunicó, fue que debido a que la colación de residentes de ese año estaba llegando a su fin y por lo tanto a una graduación, él sugería que haya un tutor profesional por cada residente en el hospital, para acompañarlo en ese último tramo de camino. La idea fue recibida por una ola de murmullos. El Director aseguró ya tener la lista de residentes con sus respectivos tutores. Era una táctica vieja que había dejado de implementarse hacía unos años. Yo fui parte de la última colación en la que se efectuó. El Doctor Jones había sido mi mentor. El único inconveniente de volver a ese concepto era que había sido propuesto algo tarde, ya que hubiera sido de gran ayuda y acompañamiento para los residentes.
- Oh, y para los amigos del Doctor Jones –Comentó el Director como último. Mi atención se disparó al instante.-, me comuniqué con él hace unos días y me dijo que aún no volverá… Aparentemente el Caribe lo ha enamorado… -Dijo y reímos. Lo sabía, Lionel me estaba mintiendo… Sammel se encontraba bien. El Director no nos mentiría al respecto.

Al finalizar la reunión, debíamos pasar a firmar la planilla que nos indicaba nuestros respectivos aprendices, mal llamados a ese tiempo. Y vaya sorpresa que me llevé cuando vi que el residente que me correspondía era nada más ni nada menos que Johann Merton. El Director me sonrió cómplice asegurando que ese muchacho era digno de mi tiempo. Luego le llegó el turno a Sarah, que desde su regreso a la sala estaba más esquiva y seria que antes. Su residente había sido Ingeborg Müller. Una mujer de buen porte que se esforzaba al cien por ciento por dar lo mejor de sí en cada caso que le tocaba, ella también era digna del tiempo de Sarah. Estaba segura de que se llevarían bien.

Esperé a mi amiga en el pasillo. Ella me sonrió indiferente y pretendió irse sin mediar una palabra más. La intercepté a la altura del laboratorio.
- Sarah…
- Lo lamento en el fondo del alma si con lo que dije llegué a ofenderte, pero como ya te advertí, mi problema no es contigo. –Insistió con más tristeza y pesar que antes.
- ¿Te quedarás? –Pregunté en completo desasosiego.
- Si, pedí una entrevista con el Doctor Matte. –Me respondió a su pesar.
- ¿El Doctor Matte? ¿El psiquiatra? –Inquirí. Ella afirmó en silencio.
- No te alarmes, por favor. –Me pidió apoyando una mano en mi hombro. Y antes de marcharse por el pasillo, me regaló su vieja sonrisa despreocupada y dejando caer su brazo, me dio la espalda y se perdió.


- Eres un tramposo. –Le dije al celular, mientras veía como las luces de las calles comenzaban a prenderse.
- ¿Y yo porqué?
- ¡Y todavía lo preguntas! –Contesté riendo.- Sabías que el Director iba a proponer eso de las tutorías y le pediste para que seas mi aprendiz.
- ¿Cómo piensas en esas cosas?
- Porque hoy tuve bastante tiempo libre, como para pensar en todas las cosas. –Aseguré. Escuché su risa contagiosa del otro lado.
- Ay, Lynn… Si no fuera porque te conozco diría que extorsionaste al Doctor Bernhardt para que confiese… -Afirmó.
- Menos mal que me conoces porque yo no haría semejante cosa.
- Bueno… Debería cerciorarme que en ningún caso lo hagas… Así tengo oportunidad para tenderte sorpresas…
- Agradables, espero. –Dije de inmediato.
- ¡Johann, deja de hablar por teléfono! ¡Hay trabajo! –Se escuchó de fondo.- Maldición. Me atraparon.
- Ve a trabajar... –Reproché riendo.


Josephine me había avisado de un nuevo paciente con una herida punzante en el brazo, en uno de los boxes intermedios. Había unas enfermeras en el lugar ayudando al hombre. Le habían aplicado anestesia regional y limpiado la herida. Sólo restaba suturarlo. El joven, de dieciocho años, trabajaba en el taller de su tío cuando una chapa se cayó de una repisa y el filo se incrustó en su antebrazo, hundiéndose hasta el hueso. Debí darle puntos en los tres planos, para garantizar una buena cicatrización. A pesar de la anestesia, el joven debía contener los gritos y morder una gasa que se había colocado en la boca. Luego de eso, se lo vendó y se le indicó que no debía hacer movimiento con ese brazo hasta una semana después. Debía volver al hospital en ese tiempo para revisar la herida. Se le prohibió hacer esfuerzo con ese brazo por mes y medio.

Mientras le explicábamos todo esto al muchacho y a la desesperada madre, noté que una vez más, la cortina del último box estaba cerrada y que había luz del otro lado. Me tomé el tiempo suficiente para no alertar a nadie, y en cuanto estuve libre me dirigí hacia el final de la galería. No podría dormir tranquila esa noche si el recuerdo de una Sarah con problemas de la índole psiquiátrica flotaba a mí alrededor. Me acerqué lo suficiente hasta escuchar sus voces. Estaban apagadas y en plena discusión. No me atreví a interrumpirlos, pero tampoco a marcharme y dejarlos en privacidad.
- No se trata de eso solamente, William. –Protestó la voz de Sarah.
- Ya no sé qué hacer. –Respondió él con desazón.
- Tampoco yo. Hoy… Fui con el psiquiatra… ¡Y me trató como una perfecta loca! –Dijo furiosa.- ¡No estoy loca! ¡Me sucede en realidad!
- Sarah, yo te creo. Pero… Lo lamento mucho. –Dijo finalmente y hubo silencio por unos segundos.- Si hubiera algo que pudiera hacer… Juro que lo haría.
- Si supiera qué se debe hacer para quitarme este problema… Y tú, o quien quiera que sea, pudiera inhibírmelo, te aseguro que ya te lo hubiera echo saber.
- Sarah… -Llamó en un susurro, pero no se dijo nada más.- ¿Qué dice? –Y volvió a cundir el silencio.
- De ustedes. De la guerra… Cosas que no sabía.
- Y tú… ¿Le crees? –Inquirió preocupado el vampiro.
- No me importa en lo más mínimo lo que me diga… Estando contigo, con alguien más o sola… Sé que eso me destruirá. –Aseguró. Tragué saliva y esperé la respuesta.
- No lo permitiría. –Respondió William severo.
- No puedes luchar contra la muerte.
- Yo aún no he muerto.
- Pero yo si soy mortal… Y te aseguro que la muerte está tras mis pasos. Aquí… -Dijo. No podía escuchar más sin saber a qué se referían. Me alejé unos pasos y caminé ruidosamente, pretendiendo recién llegar, la llamé y abrí la cortina. Pero solo estaba William sentado en la camilla. Miraba su regazo, sosteniendo una bolsa llena de sangre entre sus manos. Sarah pasó rápidamente por el pasillo hacia la salida. La puerta aún oscilaba.
- Es grave, Doctora. Muy grave. Y no tengo la más mínima idea de cómo evitarlo. Como… Aliviarle el pesar. Está sufriendo.
- ¿Qué cosa, William? ¿Qué le sucede a Sarah? –Pregunté con un nudo en mi garganta.
- ¡Yo quiero ayudarla! ¡No puedo! –Bramó apretando la bolsa y haciéndola explotar. El líquido carmesí chorreó entre sus manos, por sus piernas y tiñó el piso blanco.
- No entiendo, ¿Qué es lo que tiene Sarah? –Insistí.
- Es inútil. –Aseguró y tirando el embase a un lado, se levantó para marcharse por la puerta del box. Me acerqué a él.
- ¡Dímelo! ¿Qué le sucede? Por favor. –Pedí con voz en grito.- ¡¡William!! –Bramé tomándolo por el brazo. Él giró apenas para mirarme de reojo. La llamarada de ira que sus pupilas desprendían, pertenecía a una lucha interna por un cometido imposible de concretar. Le temí y retrocedí un paso.- Por favor… Tenemos un pacto. Sarah es mi amiga. Debo saber lo que sucede… No me dejes con esta angustia durante toda una noche. –Reclamé más exasperada que en un principio.
- Nuestro pacto no contempla la posibilidad de romper el silencio de un secreto. Si Sarah es su amiga… Que ella misma se lo diga. Yo estoy inútilmente en el medio… Mientras no pueda hacer nada por ella, tampoco puedo hacer nada por usted.
- ¡No entiendo de lo que hablas! –Chillé mientras mis ojos explotaban en lágrimas. Pero el vampiro me ignoró completamente y se marchó por la puerta.



(cont.)

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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Lun Ene 19, 2009 1:22 am

(cont.)



Mi turno terminó poco después de eso. Volví a casa rápidamente. Esperando que no sea demasiado tarde. No lo creía. Pero después dude si la última discusión había vuelto a hacer que se ausentara. Abrí las hojas de la ventana de par en par y me senté en la cocina, con una taza de café, a esperar paciente. Se hicieron las diez de la noche y aún no tenía rastros de él. Ya iba por la tercera taza de café pero no me resignaba. De repente un viento impropio de la estrellada noche invadió el departamento, haciendo que las cortinas volasen por delante de la ventana, como queriendo desprenderse de ella. Un fuerte olor a césped inundó cada rincón del lugar.
- Al fin. –Mascullé y salí de mi escondite.- ¿¡Dónde estabas!? ¿¡Por qué tardaste tanto!? –Espeté enojada y nerviosa a la vez.
- Si, yo también te extrañé Lynn. –Expresó el Guardián con una media sonrisa.
- Hablo en serio… ¿Dónde te habías metido? ¡Hace dos horas y media que te espero! –Señalé. Lionel me miró con un gesto torcido.
- ¿Te has golpeado la cabeza? ¿Estás bien, Lynn? Es decir… Hace dos noches, casi me atraviesas con la mirada. Y ahora…
- No estoy bien. ¿Quién podría estarlo? ¡He sabido de algo terrible y ninguno de los dos parece importarle mi desasosiego! ¡Nadie quiere explicarme! Es por eso que te he estado esperando.
- Te escucho. –Dijo aún confundido. Se acercó al hogar y se refregó las manos sobre su calor.- Hace frío afuera. –Bromeó.
- No estés jugando conmigo. –Espeté. Él metió las manos en los bolsillos de su pantalón y me miró apremiante.- ¿Eres amigo de William Schtügelmaier?
- Si. Desde que tengo memoria, Will siempre ha estado junto conmigo en casa. ¿Por qué lo preguntas?
- ¿Y él te cuenta sus problemas? ¿Son íntimos entre ustedes? –Insistí.
- No, la verdad, no mucho… Cada uno tiene su equipo y debe ocuparse de los problemas que se presenten, casi no tenemos tiempo para conversar sobre la eternidad que tenemos por delante… O de las centenas de años que dejamos atrás. El presente es una simple etapa que va cambiando con los años… No nos preocupa demasiado.
- Pero… ¿Hablan de sus problemas, de vez en cuando? –Reclamé insatisfecha con la respuesta.
- Si, bueno… De vez en cuando.
- En ese caso, ¿Puedo pedirte un favor? –Pregunté. Lionel avanzó dos gigantescos pasos hacia mí. Incliné la cabeza hacia atrás para fijar mi mirada sobre sus ojos rojos como la sangre misma. Él sonrió.
- Es un desafío para mí el tener que ponerme en una situación de más autoridad, para que vuelvas a temerme. Me sorprendes Dayrline Baldwin. ¿Qué te ha sucedido?
- Tengo cosas más importantes en las que ocupar mis temores, que en ti. –Aseguré firmemente.
- Me encanta esa actitud. Mantenla así, fórjala aún más y lograrás que termine a tus pies… -Dijo.
- ¿De verdad?
- No. –Ratificó con una sonrisa torcida, a centímetros de mi boca.- ¿Qué ibas a pedirme? –Preguntó y cerró los ojos. Me alejé rápidamente hacia mi habitación en donde recogí a Elisa y la llevé a la cocina para hacerle su cena. Lionel abrió los ojos cuando sintió mis pasos y chasqueó la lengua decepcionado.
- Necesito que me averigües que es lo que le sucede a Sarah. Tiene alguna clase de problema que no puede solucionar, y ni ella ni William quieren decírmelo… Tal vez, tú siendo su amigo, puedas sacarle la información.
- ¿Qué sucedió con tu “Pacto de Amistad” con esos vampiros? –Preguntó burlándose del tratado.
- No comprende la posibilidad de quebrar la ley del hielo.
- ¿Y por qué crees que me lo diría a mi?
- Porque hace centenares de años que se conocen. –Cité lanzándole una mirada victoriosa. Lionel blanqueó los ojos y cayó sentado en el sillón. Elisa maulló con ganas al ver lo que me proponía, sacando una lata de la alacena.
- Pensé que querías verme… Por el solo echo de hacerlo. –Dijo casi susurrándolo.
- ¿Por qué habría de…? –Repliqué.- ¿Acaso tú vienes por el solo echo de verme? ¿O de cumplir las normas? –Lionel suspiró. Me asomé por la abertura de la cocina.- ¿Lo haces?
- No precisas explicaciones.
- Así jamás te comprenderé.
- No necesito que lo hagas… -Aduló limpiándose la suciedad de las uñas.- A menos que desees hacerlo.
- No me provoques. Sólo digo que si tú presencia debe asecharme hasta la última gota de mi aliento sobre la tierra… Preferiría conocerte mejor… Es todo. Punto final. –Espeté revolviendo la comida de la gata en la sartén, me di vuelta para vaciarla en el plato, pero Lionel estaba allí mirándome de forma diferente a cualquier momento anterior. Lo hacía de forma instigadora y sensual.
- Si quieres, podemos conocernos mutuamente de todas y cada una de las formas que te plazcan. –Aseguró avanzando hacia mi, provocándome retroceder.
- Pensé que repudiabas las relaciones humanas. –Recordé rápidamente, interponiendo la sartén entre ambos. Él hizo un gesto de restarle importancia.
- Me desagradan tantas cosas.
- Tú me desagradas más. –Aseguré y me moví rápido hacia un costado y le serví la cena a Elisa.
- Es un bonito cumplido.
- Asegúrate de cumplir con mi pedido… Y quizás, sólo quizás, progresemos un décimo en nuestra pésima relación.
- Tendré en cuenta la propuesta. –Prometió volviendo a su sitio en el sillón.




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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Jue Ene 22, 2009 7:06 am

Lionel :baba:

Lynn debe estar loca... completamente loca...

Agh! Qué exasperante eres, rubia!

Postea!! O escribe!! Lo que sea!!

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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Lun Feb 02, 2009 5:44 am

CAPITULO 11: El Asecho del Pasado.

La mañana podría haber sido igual que las anteriores. Podría haber sido soleada, con el aire tibio y una brisa refrescante. Pero fue diferente. Todo el día fue disímil. El amanecer no se notó hasta que fueron las diez de la mañana. El cielo estaba totalmente encapotado, hacía más frío y el viento helado se calaba en los huesos. De a momentos se podía ver que se precipitaba agua nieve sobre la ciudad. Pero nada más. Qué pronto había llegado el invierno.

Josephine trabajaba arduo detrás del escritorio, tecleando sin parar, atendiendo llamadas y ayudando a los parientes de los enfermos. Yo estaba en una pequeña oficina desocupada a un lado, con la puerta entreabierta, mi beeper a un costado, prácticamente olvidado y mi celular en mi regazo. El número del celular del Doctor Jones descansaba apoyado contra el borde del teléfono fijo de la oficina. Había tratado de llamarlo dos veces esa mañana.

Jugaba un Solitario en la computadora. Estaba completamente aburrida y no tenía las suficientes ganas para atender ningún caso. Cuando la partida termino, levanté el tubo y volví a discar con el mismo resultado. Después de dos timbres, saltaba la contestadora del servicio telefónico diciendo que el número al que intentaba llamar no estaba disponible. Saqué perezosamente de mi cartera, la agenda azul que siempre llevaba. Busqué algunos relativos del Doctor, como su hermana o su esposa. Pero me sorprendió que todos sus números dieran el mismo resultado, hasta el punto que pensé que la maquina que estaba utilizando estaba descompuesta o algo. Marqué mi número como prueba, y si sonó. ¿Acaso toda la familia de Jones se había quedado sin línea?

Esto me había preocupado. Hacia dos semanas y media que Sammel debía haber vuelto de sus vacaciones, pero aún no se mostraba en el hospital y me negaba a creer que lo que Lionel y William decían era cierto. “Sammel Jones no volverá. Olvídate de él...” Y quizás era verdad, pero no la aceptaba. No aún. No pudo haber desaparecido así como así, sin dejar marcas... Luego llegó la noticia del Director, diciendo que sus vacaciones serían algo más extensas debido a que le había agradado el lugar… Pero la casa del Doctor Jones se había incendiado, tendría que haber vuelto para hacer la demanda y demás trámites. Saqué un directorio de la ciudad que había en un cajón y me dispuse a llamar a toda la familia Jones si era necesario, pero antes de que pueda concretarlo, Johann entro a la oficina y me distrajo.

Su distracción, ligera y reconfortante me ayudó con mi malestar.
- ¿Qué haces aquí? –Protesté dejándome ser besada suavemente por sus labios.- ¿No deberías estar trabajando?
- Si, bueno... Pero le pedí permiso a mis compañeros para venir a hablar con mi tutora sobre una cuestión. –Dijo sonriendo. Cerré los ojos y meneé la cabeza.
- Y, ¿Qué es esa cuestión tuya? Estoy segura que no es sobre un internado. –Inquirí y de inmediato se iluminó su rostro. Sus ojos amarillos brillaron y contrajo sus mejillas para sonreírme.
- Pues, verás... –Comenzó y sus piernas temblaron nerviosamente, se pasó la mano por el cabello unas cuantas veces, todo esto sin dejar de sonreír.- Quería preguntarte si te gustaría ser mi pareja. –Respondió finalmente, pero la última parte de la oración casi fue inaudible.
- ¿¡Qué!?
- ...Si. Ya sabes... –Tartamudeó.- Una pareja... Si no te agrada... ¡Rayos! Sabía que era demasiado pronto.
- ¿De qué hablas…? ¿¡Cómo crees que no aceptaría!? –Reformé y lancé una risa.

Johann pareció reaccionar después de cavilar mi respuesta y se tiró sobre mí a besarme con felicidad, riendo y diciéndome que era una mujer estupenda. Sonó el beeper, como siempre, en el mejor momento. Él quiso que yo lo ignorara, pero ese timbre nunca anunciaba algo para ignorar. Debíamos dejar los pecados para otra oportunidad. El residente se despidió eufórico y salió disparado hacia el ascensor. Llegué junto a la secretaria que me miraba apremiante. Traté de peinarme el cabello en la pinza, como era debido, antes de atender al nuevo paciente que había llegado y se hallaba en el primer box.

Caminé lento hasta la galería para acomodarme la chaqueta y colocarme el estetoscopio en el cuello. La camilla estaba ocupada por un hombre sentado a su orilla leyendo concentradamente una revista. No entré. Al contrario, me eché hacia atrás y me oculte de su vista. Volví al escritorio de Josephine pálida y con el corazón al punto de la taquicardia.
- ¡Demonios, Lynn! –Dijo alarmada la recepcionista.- ¿Qué te sucede? ¡Estás pálida! –No podía contestar. Un ataque de nervios conjunto a una taquipnea me posesionó en ese momento. Una enfermera se acercó a mí y comenzó a hacer viento con una revista.
- No... No puedo atender al hombre del box... –Articulé.
- ¡Por supuesto que no lo harás en esas condiciones! –Aseguró Josephine, pidiendo una camilla para mí.
- Es que él... Yo no...
- ¿Dayrline? –Rugió la voz masculina a mis espaldas. Contuve el grito. Me había reconocido. Volteé rápidamente arrancándome la mano de la enfermera de mi brazo.
- Felipe... –Dije. Aunque su rostro se veía tranquilo y casi preocupado, sabía que no podía contenerse.- ¿¡Que carajo haces en Alemania!?
- Bonita forma de recibirme. –Respondió torciendo su escuálida sonrisa.
- Disculpe señor, pero usted debe esperar en el box a ser atendido. –Solicitó una enfermera.
- Por eso vine, porque nadie me atendía... O porque no me querían atender. –Apuntó mirándome fijamente. Fruncí el ceño con bronca.
- ¿Qué haces en Alemania? –Repetí.- Deberías estar en el manicomio de Wolverhampton.
- Exacto. Debería... Pero me salí. –Dijo alegre. Yo lancé un gruñido.- ¿Aún estás sola?
- No. Estoy comprometida. –Aseguré de inmediato. Su expresión se retorció y me dio miedo. En ese momento tres guardias de seguridad llegaron desde el pasillo contiguo y trasladaron a Felipe hacia afuera.- ¡¡Y soy el doble de feliz con él!! –Bramé cuando estaba llegando a la puerta. Él trató de voltear pero no se lo permitieron. Josephine se acercó a mí con un vaso de agua.- Gracias...
- Despreocúpate. Ya pasó. –Afirmó con voz maternal. Negué apenas.
- No... Por el contrario. Todo vuelve a empezar. –Dije y levanté apenas la vista. Abrí exageradamente los ojos cuando noté la enorme panza de la mujer.- ¿¡Estás embarazada!? –Ella rió.
- ¿Será que nunca me vez cuando entro o salgo, o es que trabajo muy encubierta? –Dijo y volvió a reír.
- ¿De cuánto estás? –Pregunté. Ella me llevó a una fila de asientos y ambas nos sentamos.
- De seis y medio. –Respondió y yo me lleve las manos a la cabeza.
- ¡Dios! ¿Dónde he estado en seis meses y medio? –Me cuestioné y reímos juntas.
- Has estado muy ocupada, eso sucede. Y yo que salgo a escondidas para que nadie me vea... Era obvio que no lo notarías... –Mintió.- Lynn, ¿Quién era ese sujeto? –Preguntó después de esperar a que yo terminara el vaso de agua. No quería decírselo, ni siquiera quería recordarlo.
- Es... Mi ex pareja. Él... –Decía ocultando mi rostro entre mis manos.- Él... Me hizo pasar por mucho dolor. No creí que me encontraría en Alemania. Menos aquí.
- ¿Quieres que hablemos de ello? –Preguntó cordialmente la mujer. Suspiré.
- ¿Y qué caso tiene olvidarse de él ahora que está suelto por la ciudad...? –Pregunté a mi vez. Josephine sonrió y buscó su cartera.



- Los únicos que saben de esto son mi familia y Sarah. Nadie más... Es que después de lo que ocurrió, sinceramente, no quise que nadie me lo recordara a cada día por medio. Ni siquiera se hizo mucho escándalo en la ciudad... Papá acalló los periodistas y nada pasó de una columna gris en el diario del domingo. –Comenté con la cabeza gacha, sentada en una mesa exterior del bar a orillas del Elba. Josephine, silenciosa y tranquila, me escuchaba sin interrumpirme.

> Antes, como bien sabes, vivía en Inglaterra. Allí lo conocí a Felipe. Pretendí hacer la carrera de medicina allí, pero... Cuando estábamos de novios, Felipe y yo, tuvimos relaciones sin cuidados... Y yo quedé embarazada. Hasta ese momento, él parecía ser un hombre cariñoso, comprensivo y... ¿Porque no? Saludable. –Agregué meneando la cabeza.- Lo que sucedió a continuación fue extraño, en ese tiempo para mi. Le anuncié que seriamos padres y no lo aceptó, se salio de quicio y estuvo una semana enojado conmigo y casi no estaba en casa. No lo entendí.

> Cuando parecía que la cuestión se estaba tranquilizando, él me... Me dijo que esperaríamos a que se cumplan los cinco meses para que yo me practique un aborto. –Dije cada vez más triste. Mi compañera profirió un gruñido y se acarició el vientre con cuidado.- Yo... No le creía a mis oídos que me estuviera pidiendo eso. Pero, si. Tuvimos una discusión muy fuerte. Tan fuerte, que llegamos al punto en que lo desobligaba como padre y que no iba a esperar de él ninguna clase de subsidio. Que podía olvidarse que tendría un hijo, porque yo, diez años después, no le estaría haciendo juicios queriendo que reconozca que tiene un hijo.

> Supongo que eso lo hizo enfurecer aún más. Él no quería tener un hijo porque lo deshonraría frente a su familia. ¡Ellos ni siquiera sabían que estaba de novio conmigo! Desapareció por unas dos semanas y medias, dando un portazo lo suficientemente fuerte que rajó los vidrios de la puerta. Me dije: “Bien, se fue. Ahora tienes el camino libre para ser feliz y criar a tu hijo”. Después de eso, lo veía deambulando por el barrio, muy pocas veces. Y después no lo vi más. Así pasaron cinco meses... Cinco meses y medios para ser exacta. –Aclaré con un pequeño carraspeado.

> Una noche, cuando estaba por salir, Felipe me interceptó en la entrada y me obligo a que entrara a la casa. Me puse muy nerviosa. Él tenía una mirada cínica, como de demente. Hablaba despacio y tranquilo, lo que me daba más miedo. Entonces él me dijo que... Ya había pasado el suficiente tiempo como para que yo abortara. ¡En ese momento! ¡Cuando yo ya tenía a medio camino todo! El moisés, la ropa, el cochecito, el nombre... ¡¡Todo!! Y, antes de que pudiera siquiera reaccionar, Felipe sacó un arma y me disparó directamente al vientre.

Josephine estaba callada frunciendo el ceño. En un gesto inconsciente acariciaba su vientre circularmente. Tomé mi copa y le di un sorbo. Quedamos en silencio un momento. La calle a mi espalda estaba muy agitada esa noche. El bar estaba casi lleno y el clima, aunque frío, invitaba a recorrer los paseos ribereños y céntricos.
- Es obvio que perdí el embarazo, ¿No? –Dije y me mordí los labios.- Era una niña. Felipe fue arrestado y cuando confesó, el juez y los psicólogos lo enviaron a un manicomio. Luego me enteré de su confesión. Él no solo quiso hacerme abortar, quiso matarme también. No tuvo suerte. Y eso es todo. –Acabé encogiéndome de hombros.- Todo iba bien: después de eso, le pedí a mi familia de mudarme aquí para estudiar, y todos vinieron conmigo. Me gradué y era feliz... Hoy Johann me propuso noviazgo. Y bueno... La desdicha volvió a aparecer. Ya no estoy más tranquila como antes.
- Es entendible... –Me aseguró mi compañera.- Es un monstruo... –Masculló.
- Antes... Él era diferente. –Pensé en voz alta.
- No importa... La locura no se corrige. –Aseguró Josephine. Sonreí siendo que no había gracia.




(cont.)

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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Lun Feb 02, 2009 5:49 am

(cont.)



Un mozo se acomodó a mi lado ofreciéndome una canasta de galletas. Lo rechacé con educación sin levantar la mirada de mi plato, pero no se retiró. Alcé la cabeza para enfatizarle mi respuesta, cuando vi su rostro. Lancé un grito y levantándome como un rayo me aparté de él inmediatamente. Su sonrisa torcida y maldita seguía en su boca. ¿Cómo me había encontrado con tanta facilidad? Josephine también se paró y quedó a mi lado.
- Lynn, cariño... ¿No podemos empezar de nuevo? Siento que la ultima vez lo hicimos mal.
- Todo en ti esta mal. ¿Cómo pretendes que empecemos de nuevo una relación? –Pregunté histérica.
- ¿Quién habló de una relación? –Inquirió a su vez y su escuálida sonrisa se volvió mas perversa todavía, bajo la sombra de su cabello.- Me refería a mi cometido de cinco meses y medio, que no pude cumplir aún... –Al recordarlo, retrocedí un par de pasos. Vi que desde su saco sacaba una navaja, Josephine no lo vio.
- Señor, retírese si no quiere que llame a la policía de nuevo. –Amenazó interponiéndose entre nosotros cuando él avanzó.

Quise, en un intento fallido, que mi amiga se quedara detrás de la silla, pero no tuve suerte. En cuanto ella salió a mi defensa, su vientre quedó a la vista del demente de Felipe. Éste se crispó en un segundo y blandiendo la cuchilla, avanzó hacia mí queriendo herirme. Josephine alzó las manos. Ambas nos tiramos hacia atrás, yo caí sobre las maderas del suelo. Mi compañera cayó sobre mí después de lanzar un grito aterrador. Cuando la sujeté por el vientre sentí el cálido líquido entre mis manos. Supe que no tenía mucho tiempo. La mujer gritaba aterrada, sujetándose la panza y llorando por su hijo. Felipe había querido escapar sin suerte. Entre varios hombres y mozos lo atraparon y acostaron en el suelo, antes de llamar a la policía y una ambulancia.

Sabía, por la ubicación en la que nos encontrábamos y el lugar de salida de las ambulancias, que tardarían demasiado. Le pedí a dos hombres que me ayudaran a cargar a Josephine en mi auto, yo la llevaría al hospital en menos tiempo del que tomaría con una ambulancia. Pasamos junto a Felipe. El se rió en mi cara, y antes de que su voz sea acallada por el griterío y el tumulto, le oí decirme “La tercera es la vencida, Lynn”.

Subieron a la mujer en el asiento trasero y aceleré a fondo. La avenida estaba algo concurrida. No dejé de tocar bocina para que los coches se hicieran a un lado. Pero tarde noté que el boulevard estaría repleto. No podía atorarme en el transito teniendo a mi compañera con su bebe en peligro. Cuando llegué al boulevard me hice a un lado y atravesé el transito por el estacionamiento central. Sonreí. Si lo lograba, la multa casi millonaria que debería pagar por violación de espacio publico y exceso de velocidad, tendría un valor más importante y me dolería menos pagarlo.

Llegué a la guardia un tanto más atrasada de lo que esperaba, pero nos atendieron enseguida. La muchacha Müller, aprendiz de Sarah, me acompañó en el resto de la velada. Dos horas y media después Johann vino a verme trayendo buenas noticias. Josephine había recibido un corte de forma horizontal por la cuchilla de Felipe cortándole la piel y raspando el útero. Aún así, el estrés que había recibido la recepcionista fue suficiente como para activar el mecanismo natural del aborto. El bebe estaba ahora en incubadora, con esperanza de vida. Permanecería allí hasta que creciera lo suficiente y se encuentre estable y sano. Pasé a saludar a la mujer cuando me permitieron la entrada.

- Aún así pensaba tener cesárea... –Bromeó.
- Es una cicatriz grande. –Señaló Müller.- Nada que una cirugía estética no pueda encoger...
- Tranquila, Jos, tu bebe está bien, tú estas bien... Todo salió bien... –Aseguró Johann tomándome por los hombros.
- ¿Qué es?
- Niña. –Contesté alegre. Y frente al recuerdo, unas lágrimas brotaron de mis ojos.- Lamento esto que has tenido que sufrir por mi culpa... Te pido mis más sinceras disculpas. No tendrías que haberme defendido... Era un problema entre él y yo.
- Ni lo digas... El tipo está loco. Ahora la policía tendrá una excusa para meterlo en la cárcel... O de nuevo en su manicomio. –Dijo la secretaria apoyando su mano en su vientre y haciendo una mueca de dolor.
- Descansa Winkler, demasiada aventura por una noche. –Dijo el Director, apareciendo desde atrás.- Ya te has ganado el cielo.



Volví a casa, a media madrugada, por recomendación de medio hospital y solo porque Johann se molestó en llevarme. No podría dormir tranquila. Pero sí, antes de perder la conciencia entre las sábanas, debía aclarar un asunto. Cerré la puerta con una doble vuelta de llave, y le coloqué las, nunca usadas, tres trabas que había acoplado. Abrí las hojas de mi ventanal de par en par y dejé que el viento del sur me traspasara e inundara mi departamento. Elisa se paseó somnolienta por la sala. Me aferré al barandal y miré la ciudad desde allí. Mire en todas las direcciones, incluso arriba y abajo. Y grité.
- ¡¡Lionel!! ¡¡LIONEL!! –Luego hice una pausa antes de volver a gritar.
- ¿Me llamó usted? –Preguntó juguetón desde atrás. Me volví iracunda.
- ¡¡MALDITO HIJO DE PERRA!! –Vociferé entrando. Tomé un florero que había en una mesada y se lo arrojé. Él lo atrapó sin el menor problema.- ¿¡Dónde estabas!?
- ¿¡Ahora que hice!? –Se defendió adusto.
- ¿¡Qué hiciste!? ¡¡Que no hiciste!! –Corregí.- ¡Me has mentido como nunca nadie me mintió en mi vida! ¡Creí en tus juegos porque no pensé que me quedara otra solución! ¡Pasó el tiempo y comencé a confiar en que en realidad podría estar un poco mas a salvo contigo protegiéndome! ¡¡Pero no es así!! –Grité aventándole un portarretratos. Lionel lo esquivó y el cristal se hizo añicos en la pared, Elisa salió corriendo a mi habitación.- ¡Casi matan a mi amiga esta noche! ¡Y a mi también! ¿¡Dónde estabas!?
- Lynn... Yo no pude seguirte esta noche, pero mande a los muchachos para que lo hagan...
- ¡Tus muchachos son pésimos en ese caso! Hay un demente allí afuera que quiere matarme y tú mandas a tus secuaces para que me cuiden. ¿¡Qué clase de hipócrita eres!? ¡Si después de todo, esto es una mentira... –Dije alzando mi brazo derecho mostrándole la pulsera plateada.- Quiero que te largues ya de mi vida! Porque es obvio que no cumples con lo que prometes. –Lionel permaneció callado frente a mi acusación, cosa que me llamó poderosamente la atención, puesto que yo imaginé que contestaría a todos mis insultos.- ¡¡Contesta algo, maldición!!
- Perdóname... No quise faltar a mi trato.
- ¿¡Es todo!? ¿¡Es todo lo que me dirás!? ¿Perdóname? –Repetí y lancé un bufido.- Mi amiga casi muere defendiéndome... ¡¡Casi pierde a su bebe!!
- Yo no debo cuidar a tus amigas... Yo tengo que cuidar de ti.
- ¿Ah si? Pues en ese caso déjame decirte algo. Ella estaba cumpliendo el rol que te debía tocar a ti, pero como nunca viniste, debió poner su pellejo... ¡¡Se lo agradeceré de por vida!! ¡Y Dios permita que esa criatura crezca sana y sea feliz! –Lionel ya no me miraba a los ojos, tenía la cabeza agacha y los brazos a los costados, con los puños cerrados con fuerza.- Una cosa más... –Dije y caminé hacia él.- A partir de hoy, si a mi o a alguno de mis seres queridos, nos sucede algo, estando en mi presencia... Será tu culpa. Y si no puedes lidiar con ello... Entonces, lárgate. –Espeté y esperé paciente su contestación.
- Si... Lo admito. Fui un ingenuo en pensar que esos dos cretinos cumplirían con lo que les pedí. Merezco esto, tu odio y rencor y quizás más. Te pido perdón... Pero tengo una excusa a mi falta. –Se excusó. Hizo una pausa. Luego levantó los ojos hacia mí. Su rojo intenso estaba apagado y triste.- Es sobre Sarah. Debes hablar con William...




P.D.: Por dos semanas no voy a aparecerme... Así que les doy tiempo para que se actualicen. Y deseenme suerte, necesito aprobar la materia. ¬¬


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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Lun Mar 16, 2009 4:15 am

Bien la cosa es así...

· Apareció Infarto en mi camino.
· Muerte Clinica e Infarto necesitan llevarse bien.
· Lionel es muy malo y me pega.
· Dayrline le hace la vida imposible por ello...
· Intento que ambos se lleven bien.
· Son como niños... ¬¬



· Hay gente que debe actualizarse............
· No tengo tiempo.



· Lionel estaba de buen humor hoy... ._.
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· Espero que lo disfruten.
· No sé cuando volveré a postear cap nuevo.




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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   Mar Mar 17, 2009 6:08 am

Buena suerte con las riñas de los niñios, pero no te tardes XD
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MensajeTema: Re: Muerte Clínica. [Pausado temporalmente]   

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